lunes, 29 de agosto de 2016
martes, 12 de julio de 2016
Se apagó el silbido al abrir la reja,
tus manitas aferradas al borde del cajón,
y tu mirada fija a la puerta de la entrada,
al escucharme llegando a casa.
Me recibías con la alegría del brillo en tus ojos,
con la misma intensidad del silencio que guardabas,
cuando partía de casa, acurrucándote en tu rincón,
esperando paciente mí regreso.
Bolillo te puse por nombre, mi “cuyito” regordete,
te acomodé en un gran cajón que fue tu morada,
lo coloque sobre un mueble justo al lado del
refrigerador,
ubicación que te hizo muy feliz.
Desde este lugar estratégico podías observar todo,
quién llegaba quién salía, quién pasaba,
podías detectar cuando abrían la puerta del refrigerador,
y correr a asomarte para pedir un antojo.
Eras muy selectivo y quisquilloso olías lo que se te
ofrecía,
movías tu cabecita retirándola sino era el antojo que
querías,
habrían de darte lo que apetecías, un pedazo de lechuga,
un ramito de perejil, chayote, o un gajo de naranja.
Lo que seleccionabas lo arrebatabas gustosamente,
hacías ruiditos guturales de satisfacción, de estar
contento,
no sólo te asomabas enjundioso para esto,
también lo hacías para buscar caricias, afecto…compañía.
Nunca pensé que un pequeño roedor pudiese tener
sentimientos,
y mostrar su afecto como otros animalitos domésticos,
sin duda de manera más sincera y expresiva que muchos
humanos,
te diste a querer
mucho mi pequeño Bolillo.
Cuando enfermaste te apagabas, se notaba tu malestar,
al recuperarte volvías nuevamente con tu enjundia,
sin embargo aunque los síntomas desaparecieron,
poco a poco sin manifestarlo, la enfermedad fue ganando.
Y una noche sin quejarte te venció y partiste,
durante el día no mostraste estar mal sólo inapetente,
en dos ocasiones acercaste tu trompita a mi rostro,
para darme lo equivalente a un besito…era tu despedida.
tu enjundia en el ruido al abrirse la puerta del
refrigerador,
tu alegría aún se asoma al borde con tus manitas
extendidas.
y tu afecto quedó prendido para siempre en mi recuerdo.
Mijjo..
sábado, 14 de noviembre de 2015
MICRO RELATO...QUIÉN SOY
QUIÉN SOY
La débil rama crujía, su quejido me hacía consciente de
que no resistiría, pero me asía a ella con
la desesperación de una mano ya insensible, endurecida, tratando de sostener el
peso de mí cuerpo, fuerte y saludable, resistiéndome a perder espeluznantemente
la vida, desquebrajado, rajado, pulverizados los huesos, al caer al fondo del
barranco, que me esperaba con rocas hambrientas de frágil y jugoso cuerpo,
entre reducidos claros de matorrales, de una más reducida esperanza, de tener
la suerte de no chocar contra esas rocas, e ir a parar en la frenética caída
inminente, justo en ellos, que sin duda harían más suave el aterrizaje
incontrolado. Un último crujido y después todo fue oscuridad, silencio, limbo,
la luz regreso después de quince años, en una cama, con un cuerpo sin piernas, tatuado
en cicatrices, un rostro ajado, con la memoria muerta, entre gente extraña… y un ser postrado
irreconocible.
¡Déjenme salir!
El camino era estrecho, la noche en extremo oscura, sin una
pestaña de luna, una carretera solitaria, siniestro escenario donde el peligro
habita, se esconde se pertrecha bajo la niebla, la cual aumenta mientras más me
adentro, los ojos temiendo el peligro, girando para uno y otro lado, tratando
de percibir a los monstruos fantasiosos en los costados acechando, o a los
asaltantes depredadores, que atacan constante por este camino solitario en la
montaña, en este laberinto de curvas incesantes; saco mi cartera y la pongo
bajo un trapo debajo del asiento, por si acaso tengo la desgracia de que
aparezcan; sudo y hace frío, el cuerpo tenso por el miedo desprende la
adrenalina, se manifiesta en las gotas de sudor frías de la frente, o cálidas
de las manos, más acelero, a todo lo que me permite la gravidez del camino,
tratando de huir del peligro externo, de repente un tenue sonido del celular lo
escucho como un grito, en este reino del silencio, es un mensaje, desconcentro
la mirada al frente, busco el celular, atiendo el mensaje y en ese instante
caigo en un abismo de oscuridad, en el que me encuentro, quiero salir pero no
me dejan, mi espíritu lucha por desprenderse, pero mi cuerpo no lo permite,
algo lo atrapa le da respiración, lo mantiene vivo, no dejándome escapar de la
prisión de estas rejas en que se ha convertido mi propio cuerpo.
¿Quién es este hombre? Un desconocido que fue rescatado hace
tres meses, del fondo de un barranco donde paro su carro, afortunadamente él
fue arrojado fuera de vehículo en los giros de la caída, pues no quedó nada al
incendiarse, ni tampoco se encontró nada que pudiese identificarlo, no traía
cartera y su celular quedó incinerado entre los restos del carro; se logró
conservarlo vivo, las múltiples fracturas y heridas profundas de su cuerpo han
ido sanado, pero está en coma desde entonces, casi al grado de muerte cerebral,
ya va para tres meses, se le mantendrá así hasta que aparezca algún familiar a
reclamarlo y que autorice o no el desconectarlo.
Por más que grito déjenme salir, los monstruos desconocidos
de esta oscuridad me mantienen preso, aunque mi mente está consciente desde que
caí en este estado indefendible, que el depredador enemigo no estaba en el
camino, afuera del carro, se encontraba al acecho dentro de él, justo a mi
lado, me trasladó a los dominios de la monstruosa oscuridad, donde hoy me
encuentro, donde nadie escucha mis gritos de auxilio, donde nadie aparece ni se
manifiesta, monstruos invisibles aquí me mantienen, paso el tiempo pidiendo, suplicando ¡Déjenme
salir!
lunes, 9 de noviembre de 2015
EN UNA SILLA
Cuando llegue a viejo
y las horas del día me trascurran,
como a un insignificante trapo,
arrugado y desgastado,
cansado de sacudir la vida,
postrado en el respaldo de una silla,
permaneciendo anclado al tiempo,
inmóvil, atrapado en la serenidad del pensamiento,
imaginando mundos de flores purpura,
de ríos cristalinos con sauces dormidos en su fondo,
con la mirada perdida en el vacío,
circunscrita a muros en los puntos cardinales,
donde se guarece el polvo y la soledad,
y la vida se reduce a la luz de una ventana,
palparé la lluvia en el desierto,
en la pequeña gota de una lágrima,
que escape de la caja de cartón de la nostalgia,
o del cofrecito donde atesoré las alegrías;
escurriendo en las dunas de mi rostro,
detenida en la aridez de los pliegos,
secos y ajados de las mejillas.
Escaparé en las alas de la mente,
mientras mi espalda queda prisionera,
en la tibieza o frialdad de esa silla,
a bañarme por largas horas,
en las aguas marinas, frías o templadas,
en los mares de fantasía, de mis sueños,
de colores dorados, rosas, verdes y azules mágicos,
bordados con la chispa plateada de las gotas de sus olas,
suaves o bravías, regalándome su sal abrazadora,
y su espuma de caricias...Por Dios que me pasaría la vida
en ello,
hasta que en el lodo seco, que atrapó mi cuerpo
y se ensañó en mi rostro, no quepan más arrugas.
Es así que aún impávido, impedido ya de caminar la vida,
con destinos dibujados por una cama y una silla,
por más piedra que me quiera convertir el cuerpo, o la
memoria,
echaré a andar por
esos mundos no vividos de mis sueños,
por esas calles estrechas, con el fruto de sus regiones,
de sus carpetas de piedra, que a cada una le dio,
su sabor, su olor, su constancia, su presencia,
con su vestidura, arrancada de sus montañas.
Y sí, entre pueblo
y pueblo me detendré necesariamente,
en ese café, en ese bar, imaginarios o
en ese pasaje de los recuerdos,
donde conviviré con los amigos y amores idos,
me detendré a observar, en una esfera de cristal,
a los hijos, que
están lejos, como todos,
andando por los caminos ásperos de la vida actual,
tratando de recorrerla de la mejor manera,
sin detenerse a percibirla y disfrutar cada rincón
de su enorme belleza, que se van pasando de largo,
con mucha prisa, sin pausas...frotaré la esfera con mis
dos manos,
tratando de tomar sus manos dentro de ella, para regular
sus pasos,
y detenerlos en la bella serenidad del paisaje, ese que
yo a su edad deje ir,
sin voltear a ver, en los apuros al trascurrir acelerado
del tiempo,
en la cotidiana esclavitud por la subsistencia,
tratando de influirles que la vida…la vida circundante y
desapercibida,
no es ese mundo, enajenante de tareas inducidas,
rutinarias,
del mundo artificial urbano, que se roba las horas
devorando los días,
que su belleza la pueden encontrar en esas pausas,
ahí donde por los cielos solo se despliegan aves y nubes,
y las paredes son verdes montañas que pueden subirse,
y el aire que se respira es fresco y nítido, huele a
hierba,
huele a flores, a roca, a tierra húmeda, a arena y sal.
Donde se escucha el canto de las hojas al compás del
viento,
entre las notas del trino de las aves, hasta en las tardes,
vestirse el cielo de silencios,
con sus suspiros naranja, mientras se abraza de arrebol
en las montañas,
para despertar a la noche con el susurro de grillos y
chicharras,
y brindarnos su alegría, con la sonrisa de la luna y la algarabía
de las estrellas.
Estaré ahí en esa silla, con la mirada perdida,
más no vacía, la llenaré con el recuerdo de la película,
de la vida vivida e imaginándome la soñada, en esos
sitios, en esos pueblos,
en esos campos, en esos mares, en esas montañas y ríos,
donde hubiese querido trascurriera el tiempo,
soñando lo que hubiese sido así la vida,
embestida con la libertad de los peces bajo el agua,
las aves en el aire y de los animales silvestres, en
praderas y montañas,
esa vida natural y tranquila, pausada,
tan hermosa, donde el tiempo se alarga,
que la dejamos a un lado, que la olvidamos,
que se nos va fugaz, que enclaustramos y concentramos,
entre calles y muros, encerrándola entre paredes,
limitándola en el perímetro de una esfera urbana,
donde la hacemos girar acelerada, dentro de su círculo,
comprimiendo el tiempo y reduciendo el deleite de vivirla.jueves, 8 de octubre de 2015
sábado, 26 de septiembre de 2015
ESCRIBO…
Escribo en el silencio de
la injusticia
en la oscuridad de las
pasiones,
sobre la primavera dentro
el invierno,
en la soledad de la
protesta,
Escribo sobre mares en
abandono,
en la profundidad sin
superficie,
sobre la nada que deja la
guerra,
en la tierra teñida de
sangre,
Escribo para el que se le dé
la gana,
en las hojas que nadie
lee,
sobre estallidos de un
alma desapercibida,
en el grito que busca el
eco.
Escribo sobre la maleza
del cambio,
en los caminos que
conducen a ello,
sobre los lomos de la
indiferencia,
en los ojos del poder
ciego.
Escribo en el laberinto de
las conciencias,
en donde inútil las
palabras buscan;
sobre los corceles de la
desbocada ambición,
donde los jinetes de la
codicia perdieron los estribos.
Escribo sobre los
grilletes de la esperanza,
en las dunas crecientes de
la pobreza,
sobre un hermético oasis
en el desierto,
en donde la lluvia es para
unos cuantos.
Escribo sobre los vientos
de advertencias,
en los aires de
intolerancia que conllevan,
sobre un cielo olvidado
que nadie mira,
en presagios de las
consecuencias.
Escribo en las semillas de
la violencia,
donde se inculca que quien
destruye gana,
sobre cerebros enajenados
con máquinas,
en donde la vida se vuelve
un vídeo juego.
Escribo en las vertientes
del exterminio,
en el desenfreno de las
perversiones,
sobre un polvo blanco de
adicción nevando,
en donde la
autodestrucción se inhala...se inyecta.
Escribo en un mundo
depredador,
en donde los niños son
daños colaterales,
sobre los escombros de la
humanidad,
en corazones de piedra y
almas metálicas.
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